Hoy va de confesiones. Siempre mostramos la parte de nuestra vida que sabemos que le puede gustar a la gente, nuestros mejores momentos y vivencias y nos guardamos lo que yo llamo la vida real para nosotros, eso es así por más transparentes que queramos ser, pero hoy voy a romper con ello y por eso comparto con vosotres una vivencia no tan idílica ni tan bonita. En mi caso, siempre estoy mostrando platos que preparo, recetas de todo tipo y para todos los gustos, en eso consiste mi canal, pero lo que nadie habría podido imaginarse es que, yo misma, muchas veces, no podía comerme esas ricuras ¿verdad? pues así era ¿Y por qué? pues por un bichito puñetero que tenía viviendo a cuerpo de rey en mi estómago, bueno, en realidad una colonia de bichitos puñeteros, estoy hablando, cómo no, del Hellicobacter Pylori, ni más ni menos.

Hellicobacter Pylori, Ilustración de caffeinesystem - Pixabay
Hellicobacter Pylori, Ilustración de caffeinesystem – Pixabay

Mi vivencia con el Hellicobacter Pylori

Pero eso lo sé ahora. Hasta llegar a este momento he pasado un verdadero calvario de dolores, hinchazones y molestias de todo tipo, que me han complicado y dificultado disfrutar plenamente de la vida durante unos cuantos añitos.
Esto, lógicamente, empieza poco a poco. Comes, se te hincha la tripa, piensas que es por lo que has comido y ya está. Lo vas normalizando, piensas que tu eres así o que tienes un estómago “delicado”. El caso es que cada vez va a más. Cada vez controlas más y más qué comes, y da igual. Piensas que es porque hablas mucho al comer, piensas que es porque estás nerviosa por algo, piensas que es algo psicosomático, piensas que comes mucho, piensas y piensas y piensas…. siempre dándole vueltas a lo que comiste: “¡pues lo que comí fue algo ligero!”, “¡si no comí tanto!”, “¡si no estoy nerviosa!”…

Al final, ya no sabes ni qué pensar, ni qué comer, ni cómo respirar y ni siquiera si son cosas tuyas… pero poco a hepoco, vas perdiendo calidad de vida y dejas de disfrutar de algo tan básico como es un plato de comida o disfrutar de un buen sueño.

Descubriendo al Hellicobacter Pylori


Hasta que, gracias a las redes sociales que, bien utilizadas, son una fuente de comunicación y conocimiento increíbles, lees a nutricionistas y te das cuenta de que, al igual que el respirar o el beber no le sientan mal a tu cuerpo, el comer, no debería tampoco.

Somos seres vivos y es lo que tenemos que hacer. Nuestro cuerpo está diseñado para eso, y, entonces, qué porras me pasa a mí?! Total que te pones a investigar y te enteras de todos los diferentes tipos de trastornos digestivos que hay y te das cuenta de que puede que te pase algo de eso. Pero como lo has normalizado tanto y te da tanto miedo ir al médico…. a pesar de todo, lo vas dejando pasar hasta que ya no puedes más y te das cuenta de que, a la larga, puede tener consecuencias terribles.

Así que, te armas de valor y vas al nutricionista… ¡y aquí está el problema! porque como no hay en la seguridad social, tienes que apañártelas para buscar a alguien fiable y que, además, sepa de veganismo. Afortunadamente me hablaron de Veguinut ¡y para allá que me fui! con muchos nervios, eso sí, porque me pasaban tantas cosas que no sabía ni por dónde iba a empezar a explicarle mi calvario.

Shafikah, o sea Verguinut, es una profesional como la copa de un pino, pero además, o sobre todo, superagradable, me hizo sentir tan cómoda que se lo solté todo y ¿sabéis qué? ya sólo con eso, me sentí maravillosamente bien. Por fin alguien me confirmaba que tenía un problema, que no eran cosas mías y que tenía arreglo. Así que me mandó hacer una analítica y pedir unas pruebas en la seguridad social y aquí viene lo más increíble, o “heavy” o surrealista. La doctora, va y me dice que “eso de ir al nutricionista es una pérdida de dinero pero que allá yo”, que “es normal que la tripa se hinche después de comer”, que “sólo tengo que cuidar lo que como y listo!” Sin conocerme de nada, sin saber cómo me alimento, y, de hecho, ¡sin siquiera preguntarme nada al respecto!

Cómo erradiqué al Hellicobacter Pylori

Tuve que sacar la “artillería pesada” para que me hiciera caso y hablar de antecedentes familiares para que me diera cita con el digestivo,y ¡al final lo conseguí! Un año después, ampliado más si cabe por la pandemia, tras pasar por dos PCRs (¡que madre mía de mi vida, cosa más desagradable!), tras una ecografía y una gastroscopia, por fin, tras todo ello, supe qué me pasaba.

Algo que, realmente, ya sospechaba, ¡soy muy perspicaz yo!😜 y por fin salió a la luz mi molesto inquilino, el Hellicobacter Pylori. Por fin tenía un diagnóstico y un tratamiento. No me lo podía creer! Podía ponerle fin a todo ese sufrimiento de una vez por todas.

Es un tratamiento muy duro, no os voy a engañar, pero ya está pasado, y espero suponga el inicio de una vida totalmente diferente y satisfactoria para mi. Ahora me toca esperar dos mesecinos, para hacerme una prueba más y confirmar que está erradicado del todo, ¡esperemos que sea así!

Realmente no se por qué os cuento esto, supongo que no era necesario, ni nada pero, al igual que hablar con Shafika me ayudó tanto, creo que echar fuera esto, desahogarme un poco de todo lo que he pasado durante estos años, me hace sentir bien, así que, ¡aquí os lo suelto! 😜

Estómago Feliz, Ilustración de David Cavernario
Estómago Feliz, Ilustración de David Cavernario

En serio, si tenéis problemas no esperéis tanto como yo, porque os juro que lo que pensé la primera noche del tratamiento fue en lo estúpida que había sido durante todo este tiempo y en todo lo que me podía haber ahorrado si me hubiera decidido antes a pedir ayuda. Pero es que, realmente, todo a tu alrededor te hace ver de forma normal los problemas digestivos. En la televisión y demás medios, anuncian constantemente sales, anuncian infusiones, antiácidos, antigases…. acabas viendo como algo normal el sufrir de alguna manera por comer y ¡no! eso no debe ser así, como ya he dicho, comer debería ser como respirar o beber, no me imagino a un león, un ciervo o una rana, quejándose después de comer porque les ha sentado mal la comida, ¿verdad? ¡pues a nosotres, tampoco debería pasarnos!

POST DATA

Ya han pasado tres semanas desde que acabé el tratamiento, que ha sido una verdadera bomba para mi, ya que no estoy acostumbrada a tomar ningún tipo medicación, y mis primeras impresiones son más que buenas. No siento dolor de estómago y, estoy convencida de que he vencido al “bicho”, estoy tomando probióticos para reponer toda mi flora intestinal y espero que, en dos meses, esté como nueva. ¡Ya os iré contando!

AUTOR DE LAS ILUSTRACIONES:

Agradecimientos a David Cavernario por su versión de mi querido Estómago. Podéis ver más dibujos de él en:

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