Nos estamos acercando ya al verano, los días son más largos y soleados y me parece un buen momento para dedicarle este post a nuestros ojos para prestarles atención e ir preparándolos para que también descansen y se recarguen de energía y aprovechando que pasamos más tiempo al aire libre adquiramos hábitos saludables que nos permitan mantener la salud de nuestros ojos. El ojo es un órgano especializado en captar la luz y transformarla en señal eléctrica que llega al cerebro a través del nervio óptico. La luz atraviesa la pupila y llega a la retina que está compuesta por millones de receptores de luz (conos y bastones). Está totalmente capacitado para regular la intensidad de la luz gracias al iris que actúa como el diafragma de una cámara, variando su tamaño dependiendo de la intensidad de la luz. Cuando hay demasiada luz el iris se contrae para que pase menos luz a la retina y viceversa, cuando hay poca luz se dilata.

Las células del cuerpo humano y especialmente los receptores de luz de la retina se alimentan de la luz solar. La luz del sol es imprescindible en múltiples procesos biológicos humanos e influye en los sistemas endocrino, nervioso e inmunológico. La luz es responsable de la producción y regeneración hormonal y por eso influye en nuestro estado anímico. La falta de luz solar produce alteraciones en el humor, cansancio, bajo rendimiento, falta de atención, ansiedad, fatiga, cefaleas, mareos, estrés, depresión, cansancio…Recientes estudios demuestran que la mayoría de nuestras células y neuronas utilizan luz para comunicarse y que el ser humano emite biofotones de baja intensidad.

Hoy en día pasamos mucho tiempo en lugares cerrados con poca luz o con luz artificial y no recibimos la suficiente luz solar, sobre todo en invierno cuando los días son más cortos. Además cuando salimos a la calle la mayoría utilizamos gafas de sol. Como consecuencia, las células receptoras de luz de los ojos no se recargan y van desarrollando intolerancia y aumento de la sensibilidad a la luz del sol provocando así, todavía más, la necesidad de utilización de las gafas de sol.

A mí me ocurrió. No podía salir a la calle sin gafas de sol porque era casi imposible ver sin ellas, eran tan sensibles mis ojos que me lloraban con todo, luz, viento… Cuando empecé a hacer este ejercicio que hoy os voy a explicar fue maravilloso, por fin podía salir a la calle sin las gafas, mis ojos ya no se deslumbraban con el sol, ni el reflejo de la lluvia en el suelo… ni siquiera me molestaba ya la brisa o el viento.

La luz artificial no contiene todas las ondas del espectro solar, por lo que los ojos se cansan y nuestro cerebro y organismo también.Necesitamos un mínimo de luz de una intensidad de 800 a 1000 lux (unidad de medida del nivel de iluminación), para que la glándula pineal inhiba la secreción de melatonina (hormona del sueño) y secrete dopamina y serotonina (hormonas de actividad). En los ambientes cerrados las intensidades oscilan de 100-200 a 300-500 lux. Mientras que la luz natural es de 10.000 lux en días nublados y 150.000 en días soleados de verano. Se puede ver claramente la diferencia y el por qué nos sentimos más cansados, desanimados, somnolientos en invierno que en verano.

Según el biofísico Fritz Albert Popp nuestras células y neuronas producen y transaccionan con biofotones. La salud es un estado de comunicación perfecta y la enfermedad un estado donde la comunicación se rompe. Enfermamos cuando nuestras ondas no están en sintonía. El origen de todas las enfermedades puede buscarse en una falta de luz en las células.

Con este tratamiento solar (sunning, asoleo, baño de sol ocular), estimulamos a través de la retina los neurotransmisores cerebrales y conseguimos darle al organismo el alimento lumínico que necesita para recuperar el equilibrio.

Este ejercicio debe hacerse en las primeras horas de la mañana o últimas de la tarde, puedes hacerlo de pie o sentado, junto a una ventana abierta, terraza, parque, campo…

Debes ponerte de cara al sol con los ojos cerrados buscando con ellos el calor y la luz del sol. Siente como esa luminosidad intensa penetra a través de tus ojos cerrados y disfruta de su color. Puede ser dorado o naranja si es un día soleado (si el día está nublado también se debe hacer, los efectos serán igual de beneficiosos aunque los colores que percibas sean distintos).Mientras observas ese color siente también el calor sobre ellos e imagina como todo ese calor y esa luz se va extendiendo por todo tu interior llegando a cada célula de tu cuerpo, imagina como se ilumina de sol todo tu cuerpo interior, como eres un ser luminoso por dentro y como esa luz limpia y purifica todo tu interior. Disfruta y sonríe con ello.

Puedes estar así unos minutos, no más de cinco, y a continuación sin abrir los ojos frotas las palmas de tus manos y las pones en forma de concha tapando tus ojos cerrados para darles oscuridad y que se relajen (si ves que el color cambia a verde cuando están recibiendo la luz dales antes la oscuridad con las manos).Mientras están tapados con tus manos observa también los cambios de colores que se producen y cuando ya veas el color negro o casi negro, tus ojos estarán relajados para repetir de nuevo el ejercicio. Cuando separes tus manos de los ojos debes hacerlo muy lentamente.

Puedes repetir este ejercicio las veces que quieras, lo ideal sería de cinco a diez minutos dos veces al día.

Mientras lo haces y para no generar tensión en el cuello puedes hacer movimientos lentos con la cabeza de un lado a otro y así además permites que la luz llegue a los laterales del ojo. También puedes imaginar que con la punta de la nariz dibujas el contorno del sol, eso también relajara tus cervicales. Siempre con movimientos muy lentos.

Para finalizar el ejercicio de nuevo frotamos las manos y las colocamos tapando los ojos, damos la espalda al sol y sentimos su calor en nuestra nuca mientras los ojos se van relajando en la oscuridad. Cuando ya observemos el negro, vamos muy despacito separando las manos de la cara y cuando ya no haya cambios de color y luz los abrimos lentamente.

Este ejercicio aunque es tan sencillo, es muy poderoso y gracias a él las gafas de sol desaparecieron de mi vida. Como siempre la constancia es la clave del éxito.

El sol es una excelente medicina si lo utilizamos en las dosis adecuadas como todo en la vida, y por supuesto las gafas de sol tienen su utilidad (en la nieve, desierto, alta mar, conduciendo…) el problema es cuando abusamos de ellas.

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