Hace unos días, para ser exactos y que estéis informados debidamente, el día 21 de junio, en compañía de mis amigos los animales y el resto de moradores del bosque, celebramos una de las fiestas más mejor de todas las fiestas más mejores del mundo mundial. La fiesta del Solsticio de Verano.

El Solsticio de Verano, es el momento en el que, al mediodía, el sol alcanza el punto más alto, lo que provoca que ese sea el día más largo y lógicamente, la noche inmediata sea la más corta. Es el día en el que la claridad y la luz vence totalmente a la noche, la oscuridad y las sombras.

Una de esas fiestas en las que, alrededor de una hoguera, bailamos, brincamos, cantamos y, como siempre, yo, intento encandilar a toda aquella moza que quiera dejarse encandilar, con mi voz aterciopelada acompañada, como no, de las melodías que tan hábilmente se sacar a mi cítara o a mi ocarina (lo que me acuerde de cojer en el momento que salgo disparado hacia la fiesta).

Bailamos y cantamos alrededor de la hoguera, celebrando el Solsticio de Verano.

Es un día de muchos nervios y el bosque se envuelve en un trasiego de seres yendo y viniendo, ataread@s en sus que haceres. Soy incapaz de conseguir dormir ninguna de mis tres siestas!!!

Hace mucho, muchísimo tiempo, venían todos los seres humanos de los poblados cercanos a celebrarlo con nosotr@s. Antiguos moradores de estas tierras que en armonía con la naturaleza, incluso, se unían a los habitantes del bosque para celebrar esta fiesta molona donde las haya. Hoy en día son muy pocos los que siguen acercándose a disfrutar este día en nuestra compañía, es un reducido grupo de ellos los que gozan de ese privilegio.

Pues bien, dos noches más tarde, cuando aún me recomponía yo de los excesos de la fiesta y dormía plácidamente en el hueco de mi castaño preferido para dormir esas noches en las que la luna se esconde por completo, fui despertado bruscamente ante la alerta de incendios. Fue tal mi desconcierto, que me levante raudo y me dispuse a ir a ver que sucedía, olvidándome que estaba durmiendo dentro de mi castaño preferido para dormir las noches sin luna, el golpe fue brutal, llegando a dejar clavados, literalmente, mis cuernos contra el árbol. Siempre fui de cabeza muy dura, por lo que no fue mucho lo que permanecí inconsciente, apenas unos segundos, me levanté y me dirigí allí donde me indicaban mis amigos. Sí, había fuegos, pero estaban en los pueblos, no había peligro alguno y así se lo hice ver a el resto de seres del bosque. Pese a ello y una vez que recordé que el dolor de cabeza y los mareos que tenía no eran por el susto de un posible incendio, siendo más bien consecuencia del golpe sufrido, aprovechando la total falta de luz que da una noche sin luna y oculto por las sombras, me acerqué al pueblo más próximo a ver qué sucedía. Y sí, como todos los años, los actuales seres humanos, encienden hogueras, bailan, cantan y se divierten a su alrededor. Me quedé horrorizado con lo que lo que mis oídos captaron, tanto, que me volvieron los dolores de cabeza y los mareos acompañados de nauseas, sin duda alguna no esperaba que pudieran llegar a cantar y tocar una cítara como yo, pero lo que oí me causó pesadillas en los días sucesivos, un ritmo repetitivo acompañado de unos extraños cánticos que decían algo de “Despacito” y no se qué de “Pasito a Pasito”… ¡Y encima lo bailaban!

En fin, de regreso hacia mi Castaño para volver a sumergirme en mis sueños, no paraba de pensar en cómo podría avisarles de lo equivocados que estaban en cuanto al día de celebración de la fiesta más mejor del mundo, ¡se estaban perdiendo la magia de ese día!. Todos los años me surge la duda de si es que ignoran el día exacto en que se producen los solsticios o es que la fiesta es otra… Pero bueno, ellos sabrán.

Me paré en el linde del bosque y miré hacia las hogueras que había en los pueblos cercanos.

Antes de introducirme en las profundidades de mis bosques me quedé mirando, con cierta preocupación, hacia las distintas hogueras que podía ver en los pueblos de los alrededores, esperaba que esas hogueras no salieran de donde estaban y que quienes las habían hecho no las descuidaran, algunas estaban realmente cerca de mis bosques y no era la primera vez que habían causado terribles incendios con las terribles consecuencias que todos vosotros sabréis. Decidí pasar la noche en vela vigilando que nada perturbara el descanso de mis amigos y evitando que las negligencias de los seres humanos repercutieran en la naturaleza.