Este día me despertó de mi preciada primera siesta, un estruendo atronador que me hizo caerme de mi rama preferida para las primeras siestas. Me dirigí hacia el origen de ese estruendo y vi que procedía de unos artefactos motorizados, llenos de colores, que a gran velocidad circulaban por el gran camino negro que une los distintos pueblos donde moran los humanos. El estruendo era atronador y causaba que mis amigos del bosque salieran corriendo aterrorizados. Todos los años igual, esos ruidosos trastos circulando a gran velocidad de un lado para otro… No me acabo de acostumbrar!! A lo largo de todo el camino negro, había multitud de humanos dando voces y aplaudiendo a esos artefactos. En un momento dado, toda esa humanidad fue marchándose poco a poco y lo que quedó tras ellos me llenó de tristeza inicialmente y rabia después, toda esa “humanidad” había dejado tras de sí ingentes cantidades de basura. Sigo sin explicarme cómo es posible de que lleven hasta tan lejos su basura. Sigo sin explicarme cómo es posible que de la misma forma que llevan consigo toda esa basura hasta allí a donde vayan, son incapaces de llevársela con ellos al marchar, de igual forma. Montones Basura tras subida a Muncó Finalmente esa basura que unos tiran sin pensar en las consecuencias que ello produce en su entorno natural, es recogida por unos pocos y amontonada en ciertos sitios. Ni unos ni otros parecen saber que a mis amigos, los animales del bosque, les atraen esos colores, ¡encima amarillo! y los olores que desprenden que son tan apetecibles. Cada año cientos de animales de los bosques fallecen por comer, quien sabe qué cosas, que había en esos montones. Otros, los más afortunados, soy yo en compañía de otros seres de la naturaleza, quienes les rescatamos de todo tipo de martirios que se les quedan enredados en sus cuerpos. Allá a donde vayáis, disfrutad de la naturaleza, sí, disfrutarla ya que para eso está, pero por favor, LLEVAROS LA BASURA CON VOSOTROS.