EL EXTRAÑO INCIDENTE DEL BURRO EN LA NOCHE DE SAMAIN

Hoy, como buen Busgosu que soy, enamorado de narraciones interesantes, buenos cuentos e historias, por encontrarnos en este día tan especial, voy a narraros un cuento ideal para esta noche de Halloween.

La noche de Samain (Halloween o de Todos Los Santos) que está a puntito de caer, en la que la Güestia deambulará por los caminos, los seres del más allá vuelven para reunirse con sus seres queridos y el Lloberu puede sorprender a aquellos que se salgan de las sendas, es la apropiada para contaros esta historia que me fue contada hace mucho tiempo, al calor de una hoguera, mientras varios seres de los bosques y varios humanos comíamos castañas asadas y bebíamos Sidra Nueva. Quien la narró fue un muy buen amigo del que no dudo por un momento cuando me dice que todo ha sido real, y que, siendo tan simple y curiosa, me dejó el cuerpo incómodo por aquel entonces y de vez en cuando, aún me viene a la cabeza por lo curioso del incidente.

ASÍ EMPIEZA MI CUENTO PARA ESTA NOCHE ESPECIAL

Todo lo que, a continuación, voy a narrar, sucedió allá por los años ochenta. El verano había dado ya a su fin, los días cada vez eran más cortos y el viento otoñal casi no daba tregua haciendo bailar a la arboleda en un frenético movimiento.

Las hojas secas, las castañas y las bellotas, plagaban los caminos y aunque los días fueran soleados ya había que salir provistos de abrigo, pues una vez que el sol desaparecía tras las montañas, el frío empezaba a arreciar.

Pueblo Polio

El lugar donde se produjeron los hechos fue en un pueblo del concejo de Mieres, muy próximo a una explotación minera de la que adoptó su nombre.

Este pueblo se llama Polio, lugar donde se produjo, al parecer, una batalla en la que, los lugareños, vencieron a los invasores moros.

Apenas cuenta con una veintena de construcciones, entre las que hay un hórreo, y según un censo del 2008, sólo viven o vivían 5 personas.

La carretera, por aquel entonces, llegaba nada más que al inicio del núcleo de casas principal, único lugar donde se podía aparcar, por lo que nuestro protagonista, al que llamaremos Milio por preservar su verdadera identidad, debía andar 300 metros más para llegar a la casa que se encontraba a las afueras en dirección al Pico de Polio, atravesando aquel grupo principal de construcciones.

El día en cuestión, tras salir de trabajar, se había entrenido más de la cuenta en Mieres y ya había llegado un poco tarde de lo habitual y muy proximo a la media noche, por lo que sólo se encontró despierta a su madre. Se disponía a cenar cuando se dio cuenta que no había vino, para él, un vasín de vino en las comidas era sagrao!. Su madre, antes de acostarse, le comentó que el camión de reparto había llegado esa tarde y había dejado, como siempre, el vino y la cerveza en la Casona.

“¡Bueno, pues nada, yo sin vino no ceno!” pensó mientras cogía la cazadora, una linterna y se dirigía, de nuevo, hacia el núcleo de casas que era donde se encontraba la Casona, justo al lado de donde había aparcado.

Ya era noche cerrada y más allá de la linterna no se veía absolutamente nada. Soplaba un ligero viento que emitía su característico silbido el pasar entre rendijas, se oía también algún que otro ruidillo del caer de las castañas sobre las hojas secas y un leve mugido entre dientes de las vacas que no debían andar muy lejos. A mitad de camino se paró y apagó la linterna para, en silencio, dejar que el viento le acariciara y oír todos esos ruidos nocturnos, le encantaba el viento!

 

LA CASONA

La Casona era una típica Casa Asturiana de construcción sobria y paredes de piedra de casi 50 cm. de espesor, corredor de madera en el segundo piso y tejado de teja. El piso inferior estaba preparado para los animales y el superior era donde vivían las personas.

Casona Típica Asturiana (Dibujo de Raquel)

Casona Típica Asturiana (Dibujo de Raquel)

Milio abrió la puerta que era de esas dobles de madera maciza, también típicas, y que pesan una barbaridad. Se metió en ella y con la linterna alumbró hacia las escaleras que suben al piso superior mientras que pensaba que, desde que había ido a vivir para allí, por circunstancias del trabajo, no le había dado tiempo a subir a ver cómo era el piso superior.

A la izquierda, donde había sido la cuadra, localizó las cajas de vino de una conocida marca Mierense, cogió una de ellas y sin más, con la misión conseguida, se dispuso a regresar.

Para volver a cerrar la puerta tuvo que dejar la botella en el suelo, cerró el pasador de la puerta inferior y después ya cerró con llave, por cierto, llave de esas antiguas de casi 15 cm. de larga que estaba en un llavero de cuerda con dos de igual tamaño y tres de las actuales.

Cuando se agachaba a por la botella de vino, objeto de su incursión nocturna a la Casona, un ruido le sorprendió a su espalda. Como la linterna la mantenía sujeta a duras penas entre el pecho y la barbilla para poder tirar de la puerta y cerrarla, esta se cayó y se apagó siendo devorado todo por la oscuridad más absoluta, décimas de segundo después ya la tenía agarrada y encendida, se giró a ver qué era ese ruido que continuaba sonando…

¡Un burro!

En la casa de enfrente, por la puerta, asomaba la cabeza de un burro que masticaba paja tan campante. La parte inferior de la puerta permanecía cerrada y al estar abierta la parte superior, era por ahí por donde tomaba el fresco el señor burro o la señora burra, pues, como dije, Milio no podía ver nada más que su cabeza.

El Burro (dibujo de Raquel)

El Burro (dibujo de Raquel)

 

Durante unos instantes Milio se quedó alumbrando al animal que era, pues eso, un burro de los de siempre, con su pinta de pasotismo eterno, ojos medio cerrados en una mueca de disfrute total de lo que comía, con aparente ausencia extrema de interés por el que tenía enfrente y que le perturbaba enfocándolo con la linterna. O sea, nada había, en absoluto, que se saliera de la normalidad o que causara extrañeza.

Salvo una recua de improperios y cagamentos, como buen asturiano que se precie, nada más pasó. El animal allí se quedó y el vino fue transportado sin más incidencias hacia el lugar de destino, deleitando a Milio en su cena.

A la mañana siguiente, cuando Milio se despertó y fue a la cocina, su madre le preguntó si había encontrado el vino sin problema, a lo que Milio le contestó que sí y a su vez, este, le preguntó por el burro, ya que no sabía de ningún burro de cuatro patas en el pueblo.

Ella, extrañada, le dijo que no había ningún burro. Él le explicó lo sucedido y ella le volvió a decir que era imposible que hubiera habido un burro en ninguna de esas casas. Entre dimes y diretes, ambos se encaminaron hacia la Casona.

Una vez allí, enfrentada a la puerta de la Casona, estaba la puerta del suceso nocturno. Si bien Milio nunca se había fijado, vieron que, en efecto, la puerta era doble, como él había visto la noche anterior, pero ahora estaba cerrada. Ya le dio mala espina pues, si sólo vivían ellos allí y todavía nadie había salido de casa, ¿Quién se había pegado el madrugón, había subido hasta Polio, hbía metido al bicho para adentro y había cerrado esa puerta?

EL PAJAR

Su madre subió los apenas tres escalones, de considerable altura y abrió la puerta superior, desde allí miró para Milio que aún no había subido y señalando hacia adentro y hacia abajo, verificando que allí no había podido estar ningún animal. Él se apresuró a subir los escalones y miró al interior de la casa.

El Pajar (dibujo de Raquel)

El Pajar (dibujo de Raquel)

En ese momento, al mirar al interior, fue cuando realmente se le heló la sangre y posiblemente la palidez le había aparecido en el rostro a Milio y un sin fin de preguntas le vinieron a la cabeza sin que ninguna de ellas tuviera una respuesta aceptable, porque no la había…

No era una casa como él siempre había pensado, la edificación tenía dos pisos, el superior que en sus tiempos había sido un pajar y daba a la calle de arriba; el otro piso, el inferior, era una cuadra y no, de ningún modo podía haber habido ningún animal allí porque no había suelo. La madera que en su día había formado dicho suelo, tiempo ya que se había podrido y salvo en ciertos sitios, los más pegados a las paredes de los lados, se podía ver alguna que otra tabla, pero de dudosa consistencia; al otro lado de la puerta, salvo unos 20 cm. de quicio, se podía ver la pared que bajaba vertical hacia la cuadra.

Si alguien puede pensar que quizá Milio se equivocó de puerta, os diré que en absoluto, ninguna otra puerta había enfrente a la de la Casona; tampoco en la parte de afuera de aquella puerta podía haber albergado un animal pues, las escaleras, en su parte superior y que daban entrada al pajar, era una loseta cuadrada de 60 cm de lado.

Por otro lado, Milio había visto perfectamente al burro que asomaba por la puerta, la linterna era buena, la distancia corta, unos 5 ó 6 metros de una puerta a la otra, el vino estaba dentro de la botella sin tocar y tampoco es que hubiera pasado miedo alguno, tras comprobar que el ruido provenía de un simple burro y no de un lobo o de alguien que hubiera ido a robar… vale, resulta que era un pajar, pero qué sabía Milio lo que había en esas edificaciones junto a las que pasaba todos los días.

En días posteriores, cientos de veces Milio pasó junto a la puerta del incidente, si bien y nunca, nunca más volvió a ver al señor o señora burra, ni a ningún otro ser vivo, en ninguna de las construcciones que formaban el núcleo de casitas. Si bien, siempre pasaba con la intranquilidad de que pudiera volver a repetirse el suceso, ¿Qué haría en ese caso?

¿EXISTEN ANIMALES FANTASMAS?

Bien, pues tras mucho indagar y descartar que el suceso se debiera a nada diabólico, pues cuando se trata de esto, los animales endemoniados lo que hacen es atormentar, aterrorizar y traer desdicha allí donde se manifiestan, cosa que, como ya os narré, en ningún momento pasó, solo queda la hipótesis de que, lo que Milio vio, no era más que una aparición.

Sí, una aparición, pues también hay animales que se resisten a abandonar este mundo tras la muerte y se quedan entre ambos. Como los espectros humanos, se dedican a hacer, una y otra vez, lo que en vida hacían. Sin ser conscientes que ya no pertenecen a esta vida y sin ánimo alguno de hacer daño a nadie.

El pajar pudo haber albergado, en su día, a ese animal que disfrutaba comiendo la paja del propio pajar, asomado a la puerta, mientras que disfrutaba de la brisa exterior. Quien sabe!!

Milio pudo haber sido testigo de este hecho, al encontrarse en el lugar apropiado, en el justo momento en que sucedía y después nunca más lo volvió a ver pues, como buen espectro, sus apariciones son puntuales y siempre a la misma hora y en el mismo sitio, pero, sin duda, el señor o señora burra, sigue asomando la cabeza por esa puerta, para degustar la riquísima paja del pajar, mientras que disfruta del aire en la cara.

RECETAS PARA EL DÍA DE HALLOWEEN

Para este día de Halloween o Samain os recomiendo unas deliciosas recetas con dulces que os van a encantar. A ver qué os parece!!

MONSTRUITOS DE MAZAPÁN

FLAN DE CALABAZA

PASTELITOS DE CACAO Y ANACARDOS