Durante mi etapa como esteticista, el uso de polvos talco era continuo antes de depilar ingles y axilas, para eliminar la humedad de la piel y, en el hogar, para los bebés y cualquier irritación cutánea. Por eso me sorprendió mucho la noticia de la condena millonaria a una importante empresa por un caso de cáncer de ovarios de una mujer que los utilizaba con frecuencia.

El polvo talco en su estado natural, puede contener restos de amianto, son filamentos muy finos que se encuentran en la roca y que son difíciles de eliminar en el proceso de transformación de la roca en polvo. La investigación sigue abierta y aún no hay una conclusión que determine si es seguro su uso o no.

Para evitar riesgos y preocupaciones, podemos hacer nuestros propios polvos corporales con las propiedades que deseemos.

Podemos utilizar polvo de harina (de avena, arroz, maíz, soja…), polvos de hierbas (lúpulo, menta tomillo, salvia…), bicarbonato, resinas (mirra, incienso, benjuí), flores en polvo (caléndula, lavanda, manzanilla, rosas…), especias (canela, cúrcuma, alhova, clavo…), aceites esenciales (árbol del té, manzanilla, salvia, tomillo, romero…).

Un ejemplo es la siguiente combinación para piel sensible:

Harina de avena en polvo 25gr.

25 gr de harina de soja en polvo.

25 gr de harina de maíz en polvo.

25 gr de arcilla blanca.

1 gr de mirra en polvo.

25 gr de flores de caléndula en polvo.

10 gr de canela en polvo.

1 gr de cúrcuma en polvo.

50 gotas de aceite esencial de canela y clavo (o cualquiera que a ti te guste)

 

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La avena calma la piel sensible y enrojecida y alivia picores. La arcilla y la caléndula también tienen propiedades calmantes, antiinflamatorias y antisépticas. La soja ofrece una barrera protectora frente a los efectos de los rayos solares y evita la pérdida de agua de la piel. La harina de maíz además de ser rica en minerales especialmente yodo, tiene la propiedad de ser muy absorbente, ayudando así a controlar la transpiración de la piel. La mirra es antibacteriana y antiinflamatoria al igual que la canela y la cúrcuma. Los aceites esenciales refuerzan estas propiedades y además perfuman de forma suave. Estos polvos mantienen la piel suave y protegida y además ayudarán en caso de pequeñas heridas o irritaciones gracias a las propiedades medicinales de sus ingredientes.

Para prepararlos se mezclan todos los ingredientes finamente molidos (puedes comprarlos directamente  en polvo o triturarlos con un molinillo de café). Mi consejo es que siempre los tamices con un colador fino para evitar que pasen arenillas, ya que deseamos unos polvos finos y no exfoliantes. Si los trituras en el molinillo, el polvo que se acumula en la tapadera es perfecto para este fin y no necesita filtrarse. Una vez que has mezclado bien los polvos, empiezas a añadir poco a poco las gotas de aceite esencial y mezclando bien antes de seguir añadiendo, (por ejemplo echas 7 o 10 gotas y mezclas) para que se repartan de forma homogénea y sin apelmazarse.

Si no quieres añadir aceites esenciales, puedes dejarlos con el suave aroma de la canela o añadir polvo de flores de lavanda, clavo, vainilla…

Solo depende de tu imaginación y saber para que los quieres, si por ejemplo son para los pies y los quieres  refrescantes, añadirás bicarbonato sódico que desodoriza relaja y suaviza, con alguna planta como la menta o romero y aceite esencial de árbol del té…

Una vez preparados se envasan en un tarro de cristal.

Como ves es muy sencillo y puedes cuidar tu piel sin riesgos, y además hacer nuestros propios productos cosméticos resulta muy gratificante.

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