Vamos a aprovechar que estamos en temporada de granadas para hacer extractos con ellas y poder utilizarlos durante todo el año para cuidarnos por dentro y por fuera.

La granada es una fruta con importantes propiedades medicinales y cosméticas reconocidas desde la antigüedad. Se utilizaba para eliminar parásitos, para la diarrea y bajar la fiebre.  Estudios recientes confirman sus propiedades antioxidantes, antidiabéticas, antibacteriales, antiinflamatorias, antivirales, anticancerígenas, hipolipidímicas (reduce nivel de grasa en la sangre), ayudándonos a prevenir problemas de artritis, infecciones, enfermedades cardiovasculares…

Sus granos son muy ricos en potasio, vitaminas (A, C, D, E, K, B1, B2, niacina…), en flavonoides y polifenoles (micronutrientes antioxidantes que previenen el envejecimiento). Así que podemos disfrutarla tomándola en zumos, ensaladas…

Pero voy a centrarme en las propiedades cosméticas que posee ya que podemos aprovechar las propiedades de sus frutos, sus semillas y su cáscara de variadas formas.

El aceite de sus semillas es rico en Omega-5 que es un aceite de rápida absorción que nutre y regenera todo tipo de pieles, da elasticidad y reduce arrugas.

El jugo de sus frutos muy rico en vitaminas, podemos aplicarlo en la piel en forma de mascarillas.

La corteza y los tabiques internos de la granada son ricos en ácido elágico que es un antioxidante muy potente con propiedades regeneradoras y protectoras. Ayuda a mantener la piel suave y flexible, previene el envejecimiento prematuro estimulando la síntesis de pro-colágeno y protege las fibras de elastina aumentando su longevidad, mejora la cicatrización de los tejidos de la dermis y epidermis, es despigmentante, antiinflamatoria, repelente natural de virus, parásitos y bacterias cutáneas, disminuye el tamaño de los poros dilatados y bloquea los rayos UVA-UVB.

Granada

¿Cómo podemos entonces sacarle todos estos beneficios cosméticos a la granada?

El aceite de sus semillas es más práctico comprarlo ya que para conseguir un litro de aceite se necesita prensar en frio las semillas secas de media tonelada de granadas. Si tienes paciencia se puede extraer el zumo, dejar las semillas secar, triturarlas y hacer un oleato con ellas, pero no tendrá las mismas propiedades.

Pero sí podemos utilizar su zumo en mascarillas faciales, mezclándolo con un poco de arcilla y aceite (si es de sus semillas mejor aún), o añadiéndolo a tus mascarillas favoritas sustituyendo el agua por el zumo de granada.

Con la cáscara vamos a hacer un extracto que podemos utilizar en cualquier momento del año. Este extracto lo podemos utilizar en mascarillas cuando no dispongamos ya de la fruta fresca, añadiéndolo a un  tónico o una crema, en un enjuague bucal… y estaremos disfrutando de todos sus beneficios que se habrán transferido al extracto.

Para ello es necesario que te asegures de que la granada no contiene pesticidas, por lo que conviene comprarla en un lugar de venta de productos ecológicos para poder utilizar con tranquilidad su corteza.

Extracto de Granada

Lavamos bien la granada, separamos los gránulos de la corteza y la ponemos a secar junto con los tabiques internos.

Una vez seca (que se pueda partir bien con la mano) la troceamos e introducimos en un frasco de vidrio (que habremos desinfectado previamente con alcohol) hasta un tercio del mismo y lo llenamos con glicerina vegetal (otra opción es con orujo o vodka).

Tapamos bien y dejamos reposar durante un mínimo de 15 días agitándolo de vez en cuando.

Una vez transcurrido ese tiempo, filtramos y guardamos en un frasco de cristal (mejor si es oscuro para que no le dé la luz).

Como podeis ver es muy sencillo de hacer y lo podeis utilizar durante todo el año.